Ciencia y Filosofía: Divorciadas o Tomadas de la Mano?

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Por Ricardo Barreiro S.

La Filosofía y la Ciencia se identifican y cruzan sus caminos en la búsqueda del conocimiento y comprensión del mundo y la realidad. No obstante difieren y se bifurcan en los medios que cada una emplea en su propósito, es decir, en el método y en el modo como relacionan sus enunciados y sus logros con la curiosidad y las expectativas humanas. Empero se observa una diferencia más ostensible que ha terminado por levantar una barrera entre ambas disciplinas del pensamiento. Mientras las ciencias se agotan en la explicación acerca de cómo están constituidas las cosas y en la descripción objetiva del comportamiento del Universo y la materia en sus distintos órdenes y regiones, y busca predecir los acontecimientos, las filosofías se preguntan insistentemente, desde diversas miradas e interpretaciones, el fondo de lo que los descubrimientos científicos dan por sentado. Además el rigor metodológico, fundado en la observación y la experimentación, les impone a las ciencias ciertos límites que no pueden impúnemente soslayar; en tanto que la Filosofía, particularmente la Metafísica como doctrina de lo fundamental, puede permitirse volar tan alto como le pueda ser posible al pensador que se enfrenta a los aspectos más insondables de la Naturaleza y de lo real. Pero, sobre todo, carga sobre sus hombros el compromiso de proporcionarle al ser humano un significado, sentido y finalidad de esas leyes y de esos procesos del mundo que lo contiene; que es precisamente de donde surgen los valores, los criterios y los principios éticos de una determinada actitud ante la vida y ante la fortuidad e incertidumbre de los acontecimientos de la existencia, y que gobiernan nuestra visión de sí mismos y orienta nuestra conducta hacia los demás y el entorno que nos abraza.

Religion_in_SFResulta que hoy, ante los impresionantes avances de la Ciencia y la tecnología, no es el filósofo, sino la persona común –cada uno de nosotros- quien necesita verse reflejado y sentirse proyectado de algún modo en ese saber que le ofrece el conocimiento científico. Ello por la sencilla razón que somos parte –para algunos quizás muy importante- del Universo, porque estamos hechos de los mismos elementos básicos constitutivos de las estrellas, de todos los cuerpos celestes y de todos los seres vivos, y que estamos, además, sujetos a la regularidad de las leyes naturales tanto como a la arbitrariedad del azar, la aleatoridad de los cambios y el carácter impredecible de la historia y de los fenómenos sociales… Todo ello como componentes de ese inefable y misterioso contenido del Cosmos.

Ante las respuestas objetivas, realistas, categóricas y exentas de juicios de valor que nos ofrecen las ciencias, sobre todo la física, la biología y la cosmología, cada persona en algún momento de su vida, consciente o inconscientemente, racional o emocionalmente, se pregunta desde la interioridad de su ser: ¿Y yo cómo voy ahí en esas teorías? ¿Cómo alimentan mis impulsos de sentirme ligado a la configuración del mundo? ¿Qué me aportan a la comprensión de la existencia las teorías del Big Bang, de la expansión del Universo, de la relatividad y elasticidad del tiempo, de la curvatura del espacio estelar, de la creación de materia desde la Nada cósmica, la dualidad onda-partícula, la incertidumbre del movimiento de los electrones, la infinita divisibilidad de la última partícula, la afirmación de la física cuántica de que las cosas no son como las vivimos y creemos, la probable contracción del Universo en un camino de retorno a sus orígenes primigenios, la ilusión del libre albedrío, la humanidad resultado de una secuencia de hechos fortuitos, mi llegada al mundo sin destino alguno y a causa de una extraña combinación cromosomática…, y finalmente la ausencia de un Creador de todo lo que existe?

Es ahí, justo en ese interrogarse de la conciencia y en esa aprensión del espíritu humano en sus relaciones con las fuerzas cósmicas, donde hemos de dilucidar si efectivamente la física y la cosmología, mediante la Teoría del Todo, o de cualquier otro modelo unificador de lo real, lograrán alcanzar la comprensión definitiva o, si por el contrario, es menester que la Filosofía acuda en su auxilio y le tienda la mano para avanzar -mediante la especulación y el vuelo del pensamiento, y aun del aporte de la imaginación- hacia los rincones más lejanos y hacia los secretos más celosamente guardados de la abrumadora obra de la Naturaleza.

Si desde los albores de la historia del pensamiento –oriental y occidental- la cosmología surgió de los grandes interrogantes de la metafísica materialista, a los que la física y la astronomía han ofrecido certeras respuestas en su afán de revelar los emigmas que le subyacen al comportamiento de la materia universal…, ¿por qué hoy, en vez de pretender separarlas y divorciarlas, no mejor las reunimos de nuevo en un abrazo estrecho, con la intención de ofrecerle al ser humano una interpretación más profunda y satisfactoria acerca de su íntima relación con las leyes, las fuerzas y el orden-desorden de ese Universo al que pertenecemos?

El avance de la Ciencia, a su paso, va desmitificando la visión de la realidad y derrumbando creencias y representaciones simbólicas que, así sean ilusiorias, al ser demolidas dejan un vacío en el sentimiento de la existencia y en la conexión íntima con los procesos de la Naturaleza, más allá de la mera lucha por la supervivencia en un mundo caótico y hostil… ¿Cómo entonces ocupar de nuevo este espacio que en la conciencia ha quedado vacío?

Sólo resta sugerir que una eficaz divulgación y popularización de los desarrollos de la Ciencia, debe proponerse evitar caer en un materialismo radical, extremo y burdo, inconsistente con la natural inclinación del ser humano a sentirse proyectado e inmerso en todos los fenómenos y procesos que la obra de la Naturaleza ha diseñado, en las distintas fases y modos de aparecer de los contenidos materiales e inmateriales que le dan cuerpo, forma y realidad al Universo que nos contiene. Pues el destino humano y el sentido de la vida –probablemente: ¿por qué no?- han de hallarse intrínsecamente ligados a alguna finalidad misteriosa que podamos intuir en la creación, evolución, orden y caos de esa entidad trascendente que es el Cosmos, y que se resiste a dejarse atrapar por los sentidos e incluso por la exuberante capacidad racional de la investigación científica.

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2 Respuestas a “Ciencia y Filosofía: Divorciadas o Tomadas de la Mano?

  1. Me gusta la inquietud por la uniom entre lo cientifico y lo sagrado lo trabajo desde el punto de vista de la sicologia transpersonal que opinan?

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